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Estudio: Guerra Espiritual: TEMA # 35 , Choques de Jesús con el diablo y los demonios
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De: greiscris  (Mensaje original) Enviado: 24/05/2010 01:39

La tentación

Jesús y el diablo en los evangelios sinópticos
La oposición de Satanás a Jesús y la necesidad del Señor de enfrentarse al diablo en un combate terrible, así como su victoria total sobre él, ocupa a Mateo, Marcos y Lucas.
Bautismo y tentación
Tanto el bautismo de Jesús como su conflicto con el tentador están ligados directamente al comienzo del ministerio público del Señor (Mateo 3–4). Marcos y Lucas se unen a Mateo empezando el relato del ministerio de Jesús con estos dos acontecimientos interrelacionados. «Y he aquí los cielos fueron abiertos», nos cuenta Mateo, «y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre Él. Y hubo una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (3.16, 17).
¡Qué manera de empezar su ministerio! Jesús es bautizado por Juan en el Jordán, en público, los cielos se abren y Dios Padre habla para que todos sepan que es su «Hijo amado» y que tiene «complacencia» en Él, incluso antes de empezar su ministerio público.
Nosotros esperaríamos que Jesús, lleno del Espíritu Santo (Lucas 4.1), comenzara en seguida a predicar, enseñar, sanar y liberar de demonios a la gente. Pero, en vez de ello, Mateo nos dice:
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a Él el tentador[ … ] (Mateo 4.1, 2).
Ahora nos encontramos en otro mundo. Antes de que Mateo termine de contar la historia, al «tentador» se le llamará «el diablo» (vv. 5, 8, 11) y Jesús se dirigirá a él como «Satanás» (v. 10). Estamos frente a una guerra espiritual de la mayor magnitud. Jesús, el Hijo de Dios, se encuentra con el diablo, llamado Satanás y el tentador, en un verdadero duelo a muerte.
En su bautismo público, Jesús se había comprometido a hacer la voluntad de su Padre, quien ya se complacía en Él (Mateo 3.13–17). Ahora, en su encuentro privado con Satanás, manifiesta que el enfoque principal de su ministerio será luchar contra éste, el rey de este siglo. Para ganar a los hombres del reino del diablo al reino de Dios, debe, en primer lugar, vencer personalmente como hombre el poder de Satanás.
Aunque es una persona divina, aquí Jesús no actúa según el nivel de su divinidad, sino como hombre. De eso trata toda la tentación en el desierto. Se le permite de nuevo a Satanás que resista a Dios en el hombre e intente deshacer los propósitos divinos para éste, a quien Dios ha creado a su misma imagen. También el hombre, en la persona del Dios encarnado, recibe una segunda oportunidad de enfrentarse y resistir a esa tentación. Esta vez, el segundo hombre obedecerá a Dios y vencerá en la guerra contra el pecado y Satanás. No habrá de fracasar como le sucedió al primer hombre en su encuentro con el maligno.
Utilizaremos primordialmente el relato de Mateo y sólo recurriremos a los otros dos cuando sea necesario. Marcos es el más breve de estos tres relatos, y el único rasgo distintivo de su narración consiste en que menciona que, durante la tentación, Jesús «estaba con las fieras» (Marcos 1.13). Quizás Marcos lo hace al menos por las dos razones siguientes.
Primera, para mostrar que se trataba de un «desierto» verdadero (Mateo 4.1; Marcos 1.12; Lucas 4.1). Era un lugar solitario y peligroso. Estaba allí solo, sin el consuelo de la compañía de otros seres humanos. Kenneth Wuest dice al respecto:9
En la región abundaban los osos, chacales, lobos, zorros, leopardos y hienas. Los expositores sugieren que esta descripción «no es sólo ilustrativa, ni pretende sugerir peligro, sino más bien mostrar el carácter deshabitado del lugar: sin la posibilidad de obtener provisiones y por lo tanto con el hambre como parte de la experiencia». Comentando acerca de esto, Alford dice: «Tal vez el estar con las fieras indique una forma de tentación: la del terror, la cual se ejerció sobre Él». El primer Adán cayó en el pecado en un ambiente de perfección y armonía; el postrer Adán mantuvo su pureza en un entorno hostil.
Jesús debe ser considerado aquí como el postrer Adán y el segundo hombre, en contraste con el primero de ambos (1 Corintios 15.45–47). Adán, el hombre representativo, fue tentado por el diablo y desobedeció. Jesús, como nuevo representante de la raza, postrer Adán y segundo hombre, debe enfrentarse a la misma tentación, procedente de la misma fuente, y deshacer la tragedia que constituyó la caída de Adán; pero sería más difícil que para el primer hombre.
Adán fue tentado en el huerto de Dios, donde tenía satisfechas todas sus necesidades. Contaba con alimentos, cobijo, el compañerismo de su esposa y la presencia divina. Todos los animales eran sus amigos. Aquí, en cambio, vemos a Jesús en un contexto hostil. Está solo, sin comida y probablemente sin el abrigo adecuado. Su única compañía son los animales salvajes que no viven en paz con la humanidad.
En el tiempo de Jesús también se consideraba el desierto como la morada de los demonios (Mateo 12.43). John Broadus comentando sobre Mateo 12.43 dice: «El que los espíritus malos frecuentaban especialmente los lugares desiertos o solitarios era una idea corriente entre los judíos. Véanse Tobías 8.3, Baruch 4.35 … Esta imagen … se ve respaldada por el presente pasaje y por Apocalipsis 18.2».10
Ya que Jesús debe penetrar en la morada misma del ámbito sobrenatural perverso, es apropiado que ésta sea simbolizada por el desierto. Allí reina Satanás. Todo el entorno es favorable al miedo y al peligro procedente del mundo espiritual. Esto resulta especialmente cierto cuando a uno le falta la comida y el abrigo durante un período prolongado de tiempo. En tales circunstancias el ser humano está aún más desvalido. Se encuentra exhausto; su mente no trabaja bien y sus emociones se hallan fuera de control; su voluntad y resolución están bajo mínimos; y es sumamente sensible a cualquier oferta de alivio. Este es el contexto en que Jesús se encuentra allí en el desierto mientras se prepara para el ataque del diablo.
Mateo dice: «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo» (4.1). El «entonces» de este pasaje es como un «por tanto» en otros. Nos devuelve al relato anterior. Y en este caso, lo que precede es el bautismo de Jesús en agua y su unción por el Espíritu Santo. Marcos lo aclara todavía más, cuando escribe: «Y luego el Espíritu le impulsó al desierto» (Marcos 1.12).
Mateo dice a continuación: «Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre» (v. 2). Aquí, tanto Lucas como Marcos añaden sus descripciones, las cuales nos ayudan a comprender lo que sucedió durante esos cuarenta días y noches antes de que se produjeran las tres últimas tentaciones del diablo narradas por Mateo y Lucas.
Marcos escribe: «Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían» (Marcos 1.13). Si tomamos estas palabras en su sentido más natural, significarían que fue tentado por el diablo durante todo el período de cuarenta días.
Lucas, por su parte, escribe que Jesús estuvo en «el desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo[ … ]» (Lucas 4.1b–3a). Nuevamente la interpretación normal sería que Jesús fue tentado por el diablo durante todo aquel período. Aunque no todos los comentaristas concuerdan, parece que las tres tentaciones finales llegaron al término de los cuarenta días de tentación, cuando empezó a sentir todo el efecto de su prolongado ayuno y de los continuos ataques opresivos de Satanás.
Kenneth Wuest señala que la expresión «ser tentado» en Marcos 1.13 es un participio presente que indica acción continua:11
Satanás tentó al Mesías continuamente durante aquellos cuarenta días. Las tres tentaciones que registra Mateo al final de ese período de prueba indican meramente la intensidad adicional de la tentación a medida que aquel tiempo tocaba a su fin. El diablo se estaba empleando a fondo al ver que le quedaba poco tiempo.
C. L. Blomberg resume los cuatro enfoques principales de esta narración que hacen los intérpretes bíblicos.12 Primero tenemos una «interpretación exhortativa o sicológica en la que las tentaciones de Jesús representan las tres categorías principales de tentación humana (cf. 1 Juan 2.16, “Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida”; cf. también con los tres atractivos que tenía para Eva el árbol de la ciencia del bien y del mal en Génesis 3.6)». En segundo lugar está el «enfoque cristológico, que destaca el carácter obediente del Hijo de Dios».
En tercer lugar tenemos «la interpretación mesiánica según la cual Jesús es tentado para que rechace el camino de la cruz y siga las esperanzas más políticas y nacionalistas de sus compatriotas». Y por último está «la opción salvífico-histórica, según la cual Jesús obedece los mandamientos de Dios que Israel había desobedecido en su peregrinación por el desierto, demostrando ser el verdadero representante del pueblo hebreo». Blomberg dice acerca de esto: «Ninguna de las tres interpretaciones excluye necesariamente a las demás». Estoy de acuerdo con él. Diría que todas ellas vienen al caso.
Primera tentación
La primera tentación incita a Jesús a satisfacer sus desesperadas necesidades físicas fuera de la voluntad de Dios.13 Tanto Mateo como Lucas relacionan esta tentación con el hambre terrible del Señor (Mateo 4.2b–3; Lucas 4.2b–3). Y ambos cuentan que el diablo asaltó a Jesús con esta tentación particular como prueba de su condición de Hijo de Dios Padre: «Si eres Hijo de Dios[ … ]» (Mateo 4.3 y Lucas 4.3). No debemos ver en ese «si» condicional una duda de parte de Satanás en cuanto a la verdadera naturaleza del Señor. La duda se halla en otro terreno. El diablo sabía bien quién era Jesús. Broadus dice que Satanás invita al Señor:
[ … ] a afirmar ese hecho con un milagro y para sugerirle que ciertamente tiene derecho a satisfacer su hambre. Por su posición en el griego, «Hijo» es enfático. Las criaturas ordinarias de Dios pueden sufrir, no tienen más remedio, pero si tú eres su Hijo, es indigno de ti que sufras, y también innecesario, «di que estas piedras se conviertan en pan». No se desprende de esta interpretación que Satanás comprendiera del todo lo que significaba que Jesús fuese el Hijo de Dios; y esa ignorancia sería la responsable de un intento de otro modo no sólo audaz, sino también absurdo.14
Jesús tenía necesidades físicas legítimas, las cuales, si no se satisfacían, podían conducirle finalmente a la muerte. Satanás le está diciendo al Señor que puede y debe proveerse de alimento utilizando sus poderes divinos. Es imposible exagerar lo atolondrado de esta sugerencia. Jesús es el Hijo de Dios convertido en el Hijo del Hombre, y como tal debe actuar como hombre, no como Dios ni como un semidiós. No puede ser hombre una parte del tiempo y Dios en otras ocasiones.
En el momento que Jesús comience a conducirse como Dios, no será más el postrer Adán. Dejará de identificarse con nosotros en nuestras tentaciones y sufrimientos. Aunque es siempre Dios, no actuará nunca según sus atributos divinos mientras viva entre los hombres (Filipenses 2.5–11). Por lo tanto, aquí Satanás no sólo revela su maldad, sino también su ignorancia de las verdaderas implicaciones de la encarnación.
De igual manera, aunque a Jesús le estuviese, por así decirlo, permitido utilizar sus atributos creadores para transformar en pan las piedras del desierto, no lo haría. ¿Por qué? Porque era Dios Espíritu Santo el que le había «llevado», «impulsado» al desierto (Marcos 1.12), no el diablo. La palabra traducida por «impulsar» es ekbállo en griego, que, según Wuest, significa «literalmente, lanzar hacia delante, sugiriendo fuerza (ek, “fuera”; bállo, “lanzar”); por lo tanto expulsar o impeler».15 Wuest dice que la palabra utilizada por Marcos es «más fuerte que la de Mateo, anágo, “llevado”, y que la de Lucas, ágo, “guiado”». Es la misma que se emplea para designar la expulsión de demonios por el Señor en Marcos 1.34 y 39.
Jesús estaba en el desierto porque Dios el Espíritu Santo lo había mandado allí. No es que fuera reacio a ir «a un lugar tan salvaje», como dice A. B. Bruce.16 Pero el Espíritu llenó su mente con aquella visión de los profetas de estar a solas con Dios, encontrarse con su adversario de frente y alcanzar a los pecadores y cargados hombres con el mensaje del reino de Dios. Ya que Dios le constreñía a ir allá, fue voluntariamente; puesto que el Espíritu había impresionado su mente con la necesidad de ayunar durante los cuarenta días y las cuarenta noches de tentación, así lo hizo. También estaba seguro de que su Padre le sostendría.
A. B. Bruce dice: «Esas pocas pinceladas de Marcos sugieren un vívido cuadro de crisis espiritual: preocupación intensa, retirada instintiva a una soledad severa conveniente, tentación, lucha feroz y prolongada que desemboca en debilidad, clamor por ayuda preternatural».17
Para la primera tentación de Satanás, Jesús tiene sólo una respuesta: «Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4.4). Las citas tan directas de la Escritura son rhema, porciones de la Palabra de Dios traídas a la mente por el Espíritu Santo, que mora en el interior de la persona, y que se convierten en la respuesta de Dios para la línea de tentación de Satanás en ese momento. Más tarde ese tipo de palabra llegaría a ser la renombrada «espada del Espíritu, que es la palabra de Dios», en las enseñanzas de Pablo sobre la guerra espiritual en Efesios 6.17.
El propio Satanás intentará blandir esa misma espada del Espíritu en su segunda tentación (v. 6). Pero, como siempre, el diablo aplicará mal la verdad divina y se verá severamente reprendido por Jesús a causa de ello. El Señor volverá entonces a citar la Palabra de Dios con objeto de silenciar al adversario por su uso erróneo de esa palabra (v. 7).18
Aunque Satanás falló con Jesús en esta primera tentación, él sabe que ese enfoque resulta eficaz en el caso de los creyentes. El diablo todavía inicia sus ataques contra nuestras mentes en el terreno natural y físico: «Si eres un hijo de Dios, tus necesidades físicas deben ser satisfechas. Y aquí está la manera lógica de suplir esas necesidades: Hazlo». Y nosotros lo hacemos. Nos convertimos en egoístas y mundanos que viven para las comodidades físicas. Adoptamos un estilo de vida orientada hacia el éxito que se mide primordialmente por el poder, la posición, el placer y las posesiones. Incluso elaboramos una teología basada en esas cosas para respaldar nuestros intentos de convertir piedras en pan con motivos egoístas. Somos una de las generaciones de cristianos más buscadoras de pan que jamás haya habido sobre esta tierra.
Broadus sugiere que durante aquellos cuarenta días en el desierto Jesús había meditado sobre los cuarenta años que Israel pasó en igual sitio. Deuteronomio registra el repaso que hace Moisés de la experiencia de Israel en el desierto justo antes de que el pueblo cruzara el Jordán para entrar en la Tierra Prometida. Como hombre representativo, Jesús es asimismo el representante de los judíos. Y en sus cuarenta días en el desierto también está siendo probado por Dios mediante Satanás como lo fue Israel en su peregrinación. Mientras que el pueblo escogido falló continuamente, negándose a creer la Palabra de Dios, Jesús elige creer y obedecer. La espada que utiliza contra los ataques del diablo son pepitas de oro escogidas de la Palabra de Dios en Deuteronomio 4.4, 7, 10.
Segunda tentación
Mateo escribe: «Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo[ … ]» (Mateo 4.5–6a). Mucho se ha escrito acerca de si Jesús fue llevado físicamente por Satanás desde el desierto otra vez a la ciudad de Jerusalén y colocado «sobre el pináculo del templo». ¿Ocurrió aquello en el espacio y en el tiempo o sólo en la mente del Señor? Existen ambas opiniones: que sucedió literalmente en el terreno físico19 y que la experiencia no fue sino mental.20
A. B. Bruce compara esta última opinión con lo que experimentó Ezequiel cuando fue llevado por el Espíritu «por las guedejas de mi cabeza» desde Babilonia hasta Jerusalén. Ezequiel nos dice que aquello sucedió en visión (Ezequiel 8.3).21 Tal vez lo mismo ocurriera aquí.
Sin embargo, lo que cuenta es el significado de la tentación y no los detalles sobre cómo ocurrió. Aun así, buscando las principales enseñanzas de la tentación del diablo nos topamos con problemas. Muchos comentaristas ven aquí una tentación doble: por una parte, Jesús fue incitado a demostrar su confianza en Dios mediante un acto irracional; y por otra, a que lo hiciera en público para ganarse la lealtad de las multitudes.22 Otros consideran únicamente que Jesús es tentado a poner a prueba la promesa de protección de Dios exponiéndose a un peligro de muerte. Aunque la primera interpretación presenta posibilidades interesantes,23 creo que la contestación de nuestro Señor en el versículo 7 nos proporciona la respuesta: «No pondrás a prueba al Señor tu Dios». Jesús vio en ello una tentación.
En contraste con la primera tentación, que apelaba a las necesidades físicas de Jesús, la segunda era una incitación al fanatismo religioso. Como lo expresa Calvino, Satanás:
[ … ] le exhorta (a Jesús) a que se entregue a una necia y vana confianza, descuide los medios con que cuenta, se lance innecesariamente a un peligro manifiesto y, podríamos decir, exceda todos los límites[ … ] para inducir a Cristo a que pruebe su divinidad y se levante, con una temeridad y perversa, contra Dios.24
Jesús debe dejar de lado su sentido común y actuar como si fuese un ser completamente espiritual, en vez de alguien espiritual encarnado que vive en un mundo regido por leyes naturales creadas por Dios, las cuales deben ser cuidadosamente respetadas durante el transcurso de la vida de la persona. Tiene que renunciar a todos los instintos dados por Dios para prevenir el peligro y arrojarse a un mundo totalmente religioso. Esperar la intervención divina directa siempre que la desee y según su opinión en cuanto a cómo debería Dios actuar a su favor. Se trataría, pues, de un estilo de vida de milagros a la carta.
Jesús discernió aquel engaño conducente al fanatismo; vio que suponía poner a prueba a Dios para descubrir si estaba realmente con Él. Pero el Señor no cayó en ese extremismo ni en la búsqueda de milagros a la carta para comprobar la presencia de Dios en su vida. Aunque Dios confirma cosas mediante milagros, sólo lo hace según sus propios términos. En ocasiones realiza hechos milagrosos, pero la mayor parte de las veces no. En ambos casos obedecemos y Dios se lleva toda la gloria, no nosotros. Esta es una lección muy necesaria en nuestros tiempos de cristianismo espectacular.
Tercera tentación
En la tercera tentación, Satanás deja a un lado el planteamiento sutil que ha utilizado las otras dos veces y, desesperado, tira por la borda cualquier tipo de precaución. Está perdiendo terreno, y en un frenesí por conseguir el éxito, va al fondo de la cuestión. Quiere que Jesús le rinda homenaje, tributo, honra y servicio, aunque sólo sea por un momento (Mateo 4.9). A cambio le ofrece lo que en justicia debería poseer: «Todos los reinos del mundo y la gloria de ellos». Satanás promete que Jesús puede regirlos, aunque, naturalmente, codo a codo con él, que es quien en realidad los posee (vv. 8, 9, juntamente con Lucas 4.6).
Primero, «le llevó el diablo a un monte muy alto» (v. 8). Debemos resistir las preocupaciones periféricas, de las cuales tratan muchos comentaristas, sobre si Satanás trasladó corporalmente a Jesús a través del espacio o acerca de qué monte se habla. Tales preocupaciones complacen sólo a nuestra humanidad. Para ver todos los reinos del mundo a uno se le representa generalmente mirando desde la cumbre de un monte alto. Dichos comentaristas también están divididos en cuanto a cómo considerar la jactancia de Satanás cuando dice que se le han entregado «todos los reinos del mundo y la gloria de ellos» y que, según sus palabras, «a quien quiero la doy» (Lucas 4.6). Jesús no refutó esa pretensión del diablo, pero el no hacerlo no es prueba de que la aceptara. La tentación no se centraba en dicha pretensión, sino en la respuesta del Señor.
Otros afirman que, por naturaleza, el diablo es un mentiroso (Juan 8.44) ya que nunca puede dar lo que promete. Nos prometerá «el mundo» entero si con ello logra conseguir algún control sobre nuestra vida. Pero aunque eso sea cierto, también lo es que en las mentiras de Satanás hay a menudo algo de verdad, lo cual las hace mucho más sutiles y peligrosas.
En tres ocasiones Jesús mismo describió al diablo como «el príncipe de este mundo» (Juan 12.31; 14.30; 16.11). Satanás es en la actualidad quien gobierna los reinos de este mundo y no Dios. Aunque Dios sea siempre Dios y, como tal, domine en última instancia sobre todo, permite que el diablo y los hombres perversos gobiernen hasta el día en que su Reino venga; entonces la autoridad de éstos será abolida y la voluntad divina quedará establecida para siempre. Como dice Broadus:25
La pretensión de Satanás aquí en cuanto a que él tiene el control de los reinos del mundo y de su gloria no es del todo infundada[ … ] Las Escrituras hablan de él como del príncipe o el dios de este mundo (Juan 12.31; 14.30; 16.11; 2 Corintios 4.4). Sobre la naturaleza exacta y las limitaciones de este poder no estamos informados; pero es cierto que se le ha encomendado el mismo (Lucas 4.6) y el Apocalipsis de Juan enseña que un día dicho poder le será retirado.
La mayoría de los comentaristas críticos están de acuerdo con Broadus. A. B. Bruce llega a decir que la adición de Lucas de «a mí me ha sido entregada» fue hecha «como salvaguardia contra la idea de que se trata de un Dios rival con posesiones y poder independientes».26
En cuanto a quién entregó esos reinos a Satanás existen opiniones: una de ellas es que fue Adán quien lo hizo cuando pecó, al transferir su lealtad de Dios al diablo, el control que el Señor había dado al hombre sobre la tierra pasó a Satanás No obstante se trata de algo insustancial para el tema del relato: ¿Responderá Jesús a la oferta del diablo y tomará un atajo sin dolor para la dominación mundial? ¿O escogerá la senda trazada por el Padre; a saber, el camino del Calvario?
Broadus resume bien el atractivo de la frase: «Si postrado me adorares» (Mateo 4.9). La prosternación es «la postura normal en Oriente, bien para adorar bien para rendir homenaje». Si de lo que se trata es de rendir homenaje a Satanás, eso significa automáticamente adoración.27
El tentador propone a Jesús que reconozca el poder mundano que se le ha permitido ejercer y que ajuste su reino mesiánico a las condiciones existentes, admitiendo la soberanía de Satanás. Jesús iba en realidad a reinar sobre este mundo; pero no como sucesor o subordinado del diablo, sino destruyendo por completo su dominio.
La respuesta de Jesús
¿Y qué hizo Jesús? Venció aquella tentación con dos palabras finales: primero, una de reprensión grave (v. 10a), y luego otra de entrega absoluta (v. 10b). Pronunció la reprensión enérgicamente, y es probable que de forma oral, contra el mismo diablo, diciendo: «¡Vete, Satanás!»
James Morrison pone en boca de Jeremy Taylor que se trata de «una palabra de indignación, castigo y expulsión[ … ] El Cordero de Dios estaba airado cual provocado león, y le ordena que se vaya cuando sus demandas se hacen imprudentes y blasfemas». Y luego comenta: «La victoria se había conseguido. El segundo Adán no había caído, ni caería después. Porque “escrito está”. Nuestro Señor esgrime su arma predilecta: la espada de su boca, que es también la espada del Espíritu».28
Jesús concluye su expulsión de Satanás y pronuncia su palabra de compromiso total con Dios, la adoración a Él, su homenaje y servicio: «Porque escrito está: al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás» (v. 10). Más tarde, al preguntársele cuál era el mandamiento más importante, Jesús contestaría: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento» (Mateo 22.37–38). Aquí Jesús se convierte en el ejemplo supremo de ese amor que todo lo consume.
Mateo refiere a continuación: «El diablo entonces le dejó[ … ]» (v. 11). Y Lucas añade su propio final inimitable al relato de la tentación de Jesús: «Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de Él por un tiempo» (Lucas 4.13).
A. B. Bruce dice que esta frase implica que en la experiencia de Jesús se repitieron tentaciones como aquellas.29 Geldenhuys concuerda con él.30
Atacó al Salvador de todas las maneras que pudo imaginar, pero sin éxito. De modo que al ser vencido se fue, pero no para siempre. En las ocasiones propicias renovaría una y otra vez sus ataques contra Jesús (cf. 11.13 y Marcos 8.32–33), incluso por medio de Pedro.
Geldenhuys apunta entonces a Getsemaní y a la cruz como las tentaciones definitivas.31
Pero Satanás le atacó especialmente cuando el Señor, en la víspera de su crucifixión, luchaba en Getsemaní[ … ] con todo el poder y la ferocidad del infierno, en un intento desesperado por derrotarlo antes de que triunfase finalmente con su muerte en la cruz sobre todas las potestades de las tinieblas y confirmara su victoria por medio de la resurrección y la ascensión.
Aquel triple engaño sutil que Satanás intentó con Jesús lo sigue poniendo en práctica con nosotros. En el caso de nuestro Señor, el diablo fracasó por completo (Juan 14.30). En el nuestro, triunfa con demasiada frecuencia. ¡Ojalá pudiésemos aprender del ejemplo de Jesús! Cada uno de nosotros tiene necesidades humanas legítimas de comida, abrigo y demás cosas; sin embargo todo depende de cómo satisfacemos dichas necesidades y en qué lugar encajan las mismas en las prioridades que Dios tiene para nuestra vida (Mateo 4.4).
Todos necesitamos y deseamos que Dios actúe de manera sobrenatural en nuestras vidas. Estamos dispuestos, si es necesario, a poner en peligro las mismas si es su voluntad. Mi familia y yo hemos pasado por muchas situaciones de peligro mortal en nuestra labor misionera. A veces me preguntaba si no debía abandonar la violenta Colombia, donde mi esposa, mis hijos y yo mismo vimos amenazada nuestra vida más de una vez. En cierta ocasión, un hombre furioso me disparó tres tiros a quemarropa, pero sus balas no lograron alcanzar su objetivo. Los ángeles de Dios estaban conmigo y con los míos.
Cada vez que me planteaba abandonar el país para una mayor seguridad, tenía que responder sólo a una pregunta: ¿Estábamos en la voluntad de Dios allí en Colombia? Y la respuesta era «sí». Por lo tanto teníamos derecho a reclamar el Salmo 91.11–12:
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.
Por último todos somos tentados a diario en cuanto a cuál es el centro de nuestro homenaje. ¿Amamos al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra mente y a nuestros prójimos como a nosotros mismos? (Mateo 22.37–40).
Una vez superada la prueba de las tentaciones, Jesús está listo para comenzar su proclamación, sus sanidades y su ministerio de liberación. Satanás personalmente ha fracasado en el intento de hacer caer al Señor de su obediencia a la voluntad del Padre; asi que este es el consejo de pedro a nosotros , 1ped 2:21 Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos,bendiciones.



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