Página principal  |  Contacto  

Correo electrónico:

Contraseña:

Registrarse ahora!

¿Has olvidado tu contraseña?

EL MUNDO CRISTIANO EN IMAGENES
 
Novedades
  Únete ahora
  Panel de mensajes 
  Galería de imágenes 
 Archivos y documentos 
 Encuestas y Test 
  Lista de Participantes
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 Bienvenidos 
 Presentate aqui 
 Chat de Bendiciòn 
 *-* Cumpleaños *-* 
 Pedidos de oraciòn 
 Dudas y preguntas aqui!! 
 FONDOS PARA COMPARTIR 
 PANEL PERSONAL DE GREISCRIS 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 Hombres de la Biblia 
 Mujeres de la Biblia 
 Promesas de Dios 
 Ayuditas Biblicas 
 Perlitas Biblicas 
 Meditaciones Diarias 
 Sanidad Interior 
 Reflexiones 
 Respuestas a tu necesidad 
 Temas Biblicos 
 Estudios Biblicos 
 Guerra Espiritual 
 Estudio: Guerra Espiritual 
 Sectas, religiones y creencias 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 Jovenes son el futuro 
 El noviazgo 
 Tu espacio Lider 
 Matrimonios 
 Tu lugar mujer 
 Espacio infantil 
 NO al aborto 
 Consuelo y ayuda 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 El Espirìtu Santo 
 Temas doctrinales 
 Nombres Biblicos y sus significados 
 Hechos de los Apostoles 
 El Apocalipsis 
 El tabernaculo 
 Libro de los Romanos 
 Bosquejos y Sermones 
 Enseñanzas de Jesùs 
 Parabolas 
 Fe poderosa 
 La vida de Jesùs 
 Crecimiento de la Iglesia 
 Proverbios 
 Los Salmos 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 Eclesiastes 
 Los Pastores y sus deberes 
 ILustraciones Cristianas 
 ¿Que aprendistes en esta tu Iglesia? 
 Homilectica 
 PREDICAS EN VIDEO 
 Videos y peliculas Cristianas 
 Musica Cristiana 
 KARAOKE CRISTIANO 
 BENDICIONES CON POWER POINT 
 Alabanza y Adoraciòn 
 CARICATURAS CRISTIANAS 
 Gifs variados 
 ABC...COMPARTIMOS 
 AQUI...TODO DE NAVIDAD 
 NOMBRES ANIMADOS 
 TAGS DE IMAGENES PARA FIRMITAS 
 Tubes 
 Saluditos variados 
 TARJETAS CON VERSICULOS BIBLICOS 
 Material Psp 
 Material para fondos 
 Fondos de Escritorio 
 PROGRAMAS PARA DESCARGAR 
 Link de Bendiciòn 
 Hazlo tu mismo 
 Tutoriales.. PC... PSP 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 Salud y Belleza 
 Cosina 
 MANUALIDADES 
 Comunidades Amigas 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 Instinto Natural 
 •°o.O––––••––––O.o°• 
 
 
  Herramientas
 
Estudio: Guerra Espiritual: tema # 12 / la guerra del creyente con la carne
Elegir otro panel de mensajes
Tema anterior  Tema siguiente
Respuesta  Mensaje 1 de 1 en el tema 
De: greiscris  (Mensaje original) Enviado: 24/05/2010 02:05
.La carne, el creyente y lo demoníaco
En su excelente libro Counseling and the Demonic [Consejería y lo demoníaco], el sicólogo Rodger K. Bufford reconoce que los pecados de la carne «abren el camino a la influencia demoníaca».1 El siguiente caso ilustra este hecho.
Los pecados de la carne: puerta de entrada a lo demoníaco
A menudo, cuando descubrimos una nueva dimensión de la realidad espiritual solemos excedernos en su aplicación y verlo todo a través de esa perspectiva. Es probable que a la mayoría de los que hemos experimentado un cambio radical en relación con la consejería y ministración de las dimensiones demoníiacas de la guerra espiritual nos haya ocurrido. A mí me sucedió.
Era nuevo en el ministerio de orientación respecto a la guerra espiritual cuando se produjo el siguiente incidente. En cierta ocasión vino a verme una mujer que estaba bajo los cuidados de un sicólogo cristiano, el cual no había avanzado mucho en lo referente a su sanidad. Como no queria interferir en los consejos que estaba recibiendo, pregunté a su especialista si accedería a que la orientara desde una perspectiva espiritual mientras continuaba con sus procedimientos regulares. El sicólogo estuvo conforme.
Por aquel entonces llevaba a cabo todas mis sesiones de consejo sobre guerra espiritual acompañado de un pequeño equipo y uno de mis colaboradores más eficaces era Tom, un joven que se contaba entre las personas más endemoniadas a las que había ministrado en el pasado. Tom y yo, acompañados de otro ayudante, dedicamos varias horas a aquella afligida mujer pero sin ningún progreso. Ni siquiera teníamos la certeza de que estuviera endemoniada. Utilizaba mi probada «metodología» de ponerme en contacto con cualquier demonio que pudiera haber, pero no conseguía nada.
Acordamos celebrar otra sesión de consejo pocos días después, pero no pude asistir a la misma debido a otras responsabilidades que tenía; y otros miembros del equipo se hicieron cargo de ministrarla.
Comenzaron a investigar su trasfondo y descubrieron que había crecido en una familia disfuncional y tenido un terrible conflicto con su madre, sus hermanos y sus hermanas. Pronto quedó claro que estaba llena de resentimiento e incluso de odio hacia todos ellos, en particular contra su madre.
El equipo se dio cuenta en poco tiempo de que, aparte de algún tipo de actividad demoníaca que pudiera estar ligada a su vida, su principal problema era la carne. Llena de rabia, orgullo, amargura y rencor, la mujer se negaba incluso a considerar la posibilidad de que la actitud que tenía hacia su madre fuera pecaminosa.
Rehusaba abiertamente obedecer a la Palabra de Dios en Santiago 4.1–3 y 3.14–16. El equipo por fin tuvo que decirle que si no quería humillarse delante del Señor ni estaba dispuesta al menos a aprender a perdonar, aunque en ese momento no «sintiera» el deseo de hacerlo, no podía ayudarla. La mujer se levantó y se fue, declarando que no volvería.
«Dr. Murphy», me dijo luego Tom, «no podemos esperar que ningún demonio ligado a su vida salga, cuando tiene todo el derecho de permanecer allí».
Aquel día aprendí una importante lección de mi compañero más joven. Nuestro fracaso en ayudar a aquella mujer resentida contribuyó a que yo volviera a un equilibrio más bíblico.
Además del énfasis y el análisis teológico resulta útil examinar el papel que desempeñan la carne, el mundo y el diablo por separado. Sin embargo, debemos recordar que la Biblia no hace una distinción tan clara, sino que nos enseña que la guerra espiritual se libra contra nuestra humanidad entera, tanto individuos como miembros de grupos sociales, y que debemos aprender a ser fieles y victoriosos soldados del reino de Dios contra el reino del mal.
Bufford hace algunos comentarios interesantes acerca de la guerra contra el pecado en la cual están comprometidos todos los cristianos; la interrelación entre la carne, el mundo y el diablo; y cómo la carne puede abrir la vida de una persona a la influencia demoníaca. Tras advertirnos que el vivir para las cosas de este mundo «sexo, poder, riqueza, posición social, fama, influencia y popularidad» puede llevarnos a una posible demonización, Bufford dice que:
en el centro de todo pecado está el no amar a Dios plenamente y el no querernos someter a su divina voluntad y a su guía para nuestras vidas. Esa falta de sumisión equivale a aliarse con Satanás y adoptar la idea de que somos más sabios que Dios y por lo tanto podemos decidir por nosotros mismos cómo debemos vivir nuestras vidas. Al ponernos de parte del diablo en el conflicto cósmico entre el bien y el mal, corremos el riesgo de quedar bajo el control de sus agentes demoníacos.2
Satanás siempre está envuelto en el pecado y también los demonios. Donde fluye el pecado, fluyen ellos; el pecado los hace prosperar; es su vida misma; ellos son el pecado personificado.
Aunque en este capítulo y en los siguientes enfocaremos de manera especial la guerra contra la carne, el pecado es tan falaz, el engaño demoníaco a menudo tan completo y el mal emanado del mundo tan abrumador, que en realidad no pueden categorizarse los tres como hago aquí. Con esto sólo me propongo destacar y analizar mejor las cosas.
¿Qué es La Carne?
La palabra carne se utiliza tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Sin embargo, su uso en este último tiene una mayor importancia teológica y representa un desarrollo más detallado de la explicación que Dios da acerca del problema del pecado de la humanidad que el que encontramos en el Antiguo Testamento. Todo está allí, pero en el Nuevo Testamento se explica con más detalle. Al escribir acerca del uso de la palabra «carne» en el Antiguo Testamento, R. K. Harrison, dice:3
La teología del Antiguo Testamento acerca de la personalidad humana[ … ] es de un orden dinámico que destaca la unidad sicofísica de la naturaleza del hombre. Aunque esta «carne» se consideraba generalmente débil en el Antiguo Testamento, no hay ningún elemento particular en el pensamiento hebreo que corresponda al concepto que aparece en el Nuevo de «carne» como principio central de la humanidad caída. A pesar de que la carne para los hebreos era frágil, no se la consideraba pecaminosa.
En ese mismo volumen, W. A. Elwell escribe sobre el uso de esta palabra en el Nuevo Testamento:4
Hay tres formas fundamentales de utilizar la palabra sarx (carne) en el Nuevo Testamento. En un extremo están los casos en los que no se implica ningún juicio moral, ni el término tiene connotación negativa alguna. En el otro, aquellos que implican juicio moral negativo y sarx llega a describir la naturaleza más baja del hombre o se define como pecaminosa. Tendiendo un puente entre ambos extremos hay una serie de usos en los que sarx no es pecaminosa en sí, pero se inclina en esa dirección.
William Vine enumera trece usos distintos de la palabra sarx [carne], los cuales encajarían en la triple clasificación de Elwell.5 Para un estudio histórico casi exhaustivo del término, no hay nada mejor que el trabajo de Eduard Schweizer en el Theological Dictionary of the New Testament (TDNT) [Diccionario teológico del Nuevo Testamento] de Kittel. Schweizer presenta el significado que tuvo esta palabra durante seis períodos diferentes de la historia. Para alguien que desea consultar un estudio profundo y complejo, su trabajo es excepcional.6 El estudio de Schweizer sobre los diversos usos de la palabra carne en el Nuevo testamento concuerda con las opiniones de Elwell; de modo que citamos estas últimas por ser más breves:7
La carne se convierte así en la parte más baja del hombre que define, ya sea la propia incitación al pecado o, por lo menos, la sede de la misma (Romanos 7.18, 25; 8.5b, 12–13; Gálatas 5.17, 19; 6.8; 1 Pedro 3.21; 2 Pedro 2.10, 18; 1 Juan 2.16)[ … ] Una ampliación de la presente correlación entre pecado y carne puede verse allí donde sarx equivale a pecado (Judas 23), o donde por extensión la palabra carnal se convierte en un adjetivo que significa pecaminoso y califica otras ideas. De ahí que uno pueda tener un cuerpo carnal (Colosenses 2.11) o una mente carnal (Romanos 8.7; Colosenses 2.18)[ … ] Respecto a esto resulta significativo que Pablo no diga en ninguna parte que la carne será resucitada; para él es el cuerpo el que experimentará la resurrección para novedad de vida (véase p. ej., 1 Corintios 15.44). Y esto porque para Pablo sarx tenía una connotación de pecado, mientras que cuerpo era un término más neutral. La carne, la naturaleza caída del hombre no será resucitada[ … ] Es necesario recordar que también la mente puede engendrar deseos pecaminosos (Efesios 2.3), y que hay una inmundicia del espíritu, como la hay de la carne (1 Corintios 7.1).
Ray Stedman define la carne, cuando este término se emplea en un sentido moralmente negativo, como «el instinto de egocentrismo que hay dentro de nosotros; esa deformación de la naturaleza humana que nos lleva a desear ser nuestro propio dios. Ese ego orgulloso, ese yo sin crucificar que es la sede de la rebeldía y del desafío obstinado a la autoridad».8
Mi propia definición de la carne es nuestra humanidad defectuosa que se inclina hacia el egocentrismo, tiene su sede en nuestros cuerpos pecaminosos, y que incluye nuestra mente, emociones y voluntad.
La Carne Y La Naturaleza De Pecado
La carne con la que luchamos a diario no equivale a ese viejo yo que antes controlaba nuestra vida, pero que ahora está permanentemente crucificado con Cristo (Gálatas 2.20). Antes de conocer a Jesús, nuestra existencia era dominada por esa naturaleza pecaminosa heredada de Adán. Estábamos separados de Dios y muertos en lo espiritual. Ese era el «viejo hombre» y el «viejo yo».
Jesús se llevó consigo a la cruz a nuestro viejo hombre –yo quien murió allí con Él. Las palabras del apóstol Pablo son las siguientes: «Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él[ … ]» (Romanos 6.6). Pablo pudo exhortar así a los creyentes: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3.2–3).
El viejo yo está muerto y los creyentes somos nuevas personas como consecuencia de la vida de Cristo morando en nosotros (Romanos 6.5–8; 8.9; 2 Corintios 4.7–11; Gálatas 2.20; Colosenses 1.27; 3.1–4). Esto ayuda a explicar por qué el apóstol Juan es tan enfático cuando dice que los verdaderos creyentes no son ya esclavos del pecado ni lo practican. ¿Por qué no? Porque hemos nacido de Dios (1 Juan 3.4–19).
Ser «de Dios» (1 Juan 5.19) y ser «nacido de Dios» (1 Juan 5.18) significa que nuestra nueva naturaleza proviene del Señor. La naturaleza de Dios permanece en nosotros. «La simiente de Dios permanece en [nosotros]; y no [podemos] pecar [practicar el pecado, vv. 7–8], porque [somos] nacidos de Dios» (1 Juan 3.9).
El apóstol Pedro nos dice que mediante la fe en la promesa de salvación de Dios en su Hijo, somos «participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia» (2 Pedro 1.4b). El apóstol Pablo, además de enseñar esta verdad en sus epístolas, da su propio testimonio al respecto: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2.20).
El viejo «yo» (el hombre natural) fue crucificado con Cristo, dice Pablo, y un «yo» nuevo ha tomado su lugar. Ese «yo» es Cristo que ahora vive en mí. Y ya que Cristo vive en mí en la persona del Espíritu Santo, Dios vive en mí en la persona de su Hijo y del Espíritu (Juan 17.21–23; 14.16–18; Romanos 8.1–17; 2 Corintios 13.5; Gálatas 2.20; 4.6; Efesios 2.19–22; Colosenses 1.27; 2.6–12). Por lo tanto, ya no soy esclavo del pecado: mi nueva naturaleza «responde naturalmente a Dios».9
Como creyente ya no ando conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Romanos 8.4). Ya no estoy «en la carne, sino en el Espíritu» porque el «Espíritu de Dios», el «Espíritu de Cristo» mora en mí (Romanos 8.9).10 Esto es verdad aunque no me dé cuenta de ello; por esta razón Pablo dice que cuando comprendo quién soy en el Señor, tengo que aceptar el hecho de que estoy muerto al pecado, pero vivo para Dios en Cristo Jesús (Romanos 6.11). Todo esto gracias a la obra redentora de Cristo a mi favor.
¿Significa esto que el verdadero creyente tiene resuelto el problema del pecado? ¿Que no podemos ya pecar o ser tentados a ello? Desde luego que no. Esto iría en contra tanto de la Escritura como de la experiencia de los cristianos. Aunque soy hijo de Dios todavía vivo en un cuerpo sin redimir; el Señor Jesús ha comprado mi nuevo cuerpo con su sangre, pero aún no lo he recibido. No lo tendré hasta el momento de la resurrección, en su gloriosa segunda venida (Filipenses 3.20–21; Romanos 8.18–25).
Mientras tanto, durante el tiempo que viva en esta tierra, lo haré en un cuerpo al que Pablo llama «el cuerpo del pecado» (Romanos 6.6); «este cuerpo de muerte» (Romanos 7.24); «cuerpo mortal» (Romanos 8.11). El apóstol dice que debo aprender a hacer morir por el Espíritu las obras pecaminosas del cuerpo (Romanos 8.13).
Así que mi problema continuará existiendo mientras siga en este mundo y en este cuerpo; pero Pablo nos informa que ahora somos capaces de hacer morir las obras de la carne, ya que nuestro viejo yo en Adán ha sido crucificado con Cristo (Romanos 6.1–23). Podemos recibir como nuestra la exhortación que Pablo hizo a los creyentes de Roma:
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. (Romanos 6.12–13).
Cuando Pablo habla de los miembros de mi cuerpo, es obvio que quiere decir algo más que el cuerpo material: se refiere a mi mente, mi imaginación, mis emociones, mi voluntad y mi cuerpo físico. Dios quiere que le rinda todo lo que soy a fin de hacer su voluntad en mi vida (Romanos 6.12–23; 12.1–2). Puesto que vivo en mi cuerpo, si Él lo posee realmente, me posee por entero a mí.
Sin embargo, hasta que no se rompen las ataduras de la carne no es posible para los creyentes demonizados obtener una liberación eficaz. Y si ésta se produce, por lo general, no es duradera. La expulsión de un grupo de espíritus malos de la vida de una persona conduce casi siempre a la entrada de otro nuevo grupo, a menos que se quite de en medio el pecado al que los anteriores espíritus demoníacos se habían vinculado. El cristiano debe empezar por hacer morir las obras de la carne en su vida si quiere llegar a tener victoria en la guerra contra el pecado en la cual participa; de no ser así pronto se convertirá en una víctima de guerra.



Primer  Anterior  Sin respuesta  Siguiente   .ltimo  
Anuncios:

 

©2014 - Gabito Grupos - Todos los derechos reservados