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DE PSICOLOGIA: ¿TU PAREJA SUFRE DE MAMITIS.?
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Respuesta  Mensaje 1 de 1 en el tema 
De: amigable pero  (Mensaje original) Enviado: 14/05/2012 19:09

 

¿EL SUFRE DE MAMITIS.?

 

¿Estás harta de que tu pareja siempre está pendiente de su madre? ¿Llama a su mamá para saber su opinión cada vez que tiene que tomar una decisión?

¿Siempre te echa en cara que su madre cocina mejor que tú? ¿Plancha mejor que tú?

Puede que tu marido, novio tenga “mamitis”, una epidemia que está asolando la población masculina.

Que su madre sepa cocinar mejor que tú, no es novedad. Que a ella las camisas le queden mejor planchadas tampoco y que ella tenga el mejor carácter del mundo, es un hecho sujeto a comprobación. Muchas parejas comienzan a andar los primeros pasos del amor,  y a la vuelta de la esquina la figura de la matrona destella focos rojos. Parece que hoy en día la mamitis es una epidemia en la población masculina. Por las crisis económicas, las dificultades para lograr la independencia y el temor a abandonar el nido materno; muchos hombres de más de treinta años siguen en casa de sus padres. A primera vista nos asalta un encanto seductor, la familia unida, todos en la mesa, la comida casera, la convivencia; pero cuando ese hombre, es tú hombre; ya no causa gracia su exacerbado amor materno.

Conocemos con el nombre de “mamitis” a la dependencia emocional que el hombre tiene hacia su madre. En muchas ocasiones la madre sigue ejerciendo un control sobre el hijo; situaciones que son inconscientemente propiciadas por él.

Él se siente responsable de estar con ella en las noches; la que la lleva de compras, tal vez falta la figura del padre por muerte o divorcio o simplemente es un padre y marido ausente; pero tu marido o novio es el que ha decidido cumplir un rol que no le compete. Mientras no se conocían, ¡qué divino!, pero ahora cada vez que proyectan algo está supeditado al humor de la “señora”.

Nosotras adoramos que ese sensible ser que elegimos para la vida sea hogareño y afectuoso, pero ¿cuál es la medida saludable?

Cuando el cordón umbilical se arrastra por el suelo, el vínculo de pareja puede sufrir grandes cimbronazos. De repente parece que el corazón de nuestro enamorado está en crisis entre el amor de la madre y el nuevo amor. Cómo si entre esas dos mujeres se le fuera la vida. Frente a los reclamos, el joven en cuestión se siente confundido: “¿Cómo dejar a la madre sola para ir nosotros al cine?”, “¿Cómo dejar a la madre sola para irnos de vacaciones?” Y la solución nefasta: “¿Y si viene mi madre con nosotros?”

¿Qué hacer cuando advertimos que tienes mamitis aguda? ¿Huimos?

Tengo una amiga que ya casada, vive bajo el mismo techo con su suegra. La señora ha extendido sus tentáculos a todos los miembros de la familia y considera, por supuesto desde el amor, que a ella le competen determinados asuntos propios de la pareja. Ella reclama que mi amiga tenga actividades fuera de la casa  –pues bajo sus creencias una mujer sólo tiene que ocuparse de las tareas domésticas-; ella se queja si su hijo llega unas horas más tarde -porque según su patrón- un hombre debería ir del trabajo a la casa y viceversa. ¿Para qué  tener amigos?

Ninguna mujer en sus sanos cabales quiere competir y ganar con la madre de la pareja. ¿Para qué? Ella siempre ganará. Pero si queremos establecer límites y sobre todo, eliminar las proyecciones que a veces caen sobre nosotras.

Es menester hacerle saber al que padece el síndrome que “no queremos tener el sazón ni la razón de su madre” que somos diferentes, y que ocupamos en su vida otro lugar.

Qué una madre es una madre, y para toda la vida. Que sabemos respetar el vínculo y que nos nutre el alma saber del amor y el respeto que se le practica. Pero cada cosa en su lugar. Y las parejas son de dos.

La “mamitis” es una clara demostración de la falta de maduración emocional; detrás de ella se encubre un enorme miedo a crecer y a lo que conlleva ese proceso. Un hombre con mamitis es un ser que no sabe tomar decisiones, que no elige arriesgarse, que vive en un contexto de victimes –dado que si algo sale mal, el otro tiene la culpa; y que para todo consulta a su oráculo preferido: su mamá.

Éste hombre es un ser incompleto, que no ha logrado emancipar el proceso de aprendizaje y crecimiento afectivo/emociona por el exceso de dependencia, sobreprotección y figura protagónica de su madre –quién con sus excesos anuló el surgimiento de su verdadera esencia.

Muchas personas del sexo masculino con esta problemática, buscan en sus relaciones de pareja, una prolongación del vínculo materno.

La resolución para estos conflictos, además de la ayuda de un profesional, es la autocrítica y la auto-observación; porque es necesario recordar que sólo podemos transformar aquellas situaciones o actitudes que podemos observar en nosotros.



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