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Respuesta  Mensaje 1 de 3 en el tema 
De: Perla  (Mensaje original) Enviado: 17/11/2010 15:30

Aprecia las promesas

El Señor nos ha dado promesas para que le creamos y lo confesemos. La Palabra dice que todo lo que sembramos, cosecharemos. Dios nos da la semilla para hacerlo, sólo debemos decidir creer y esperar cosechar todas las bendiciones que El tiene para nosotros.



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Respuesta  Mensaje 2 de 3 en el tema 
De: Perla Enviado: 17/11/2010 15:31
Ensancha mi territorio
En 1ra. Crónicas 4.:9-10 encontramos otro tipo de oración: "Y Jabes fue más ilustre de sus hermanos, al cual su madre llamó así diciendo: por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras del mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que le pidió."

Siempre habrá alguien más ilustre que otros. Ora para ser tú esa persona. Su nombre quería decir dolor, pero aún así no se quedó en eso, sino que confió en que sería bendecido por Dios.
 
Jabes fue el más ilustre porque oró adecuadamente. Hay que saber cómo orar. El dijo: "Señor, ensánchame, bendíceme, acompáñame". Si me pones a escoger entre la oración del hombre de Proverbios 30 o la de Jabes, escojo esta última.

Jabes pidió que le ensancharan su territorio. Pero, ¿cómo podía ser ensanchado su territorio en una tierra que había sido toda repartida al pueblo de Israel? Si recuerdas bien, cuando el pueblo de Israel entró en la tierra prometida, Josué les repartió toda la tierra. La única manera de ensanchar su territorio era si alguien más no quería su propia tierra. Así que mientras Jabes oraba "ensancha mi territorio", al mismo tiempo, otro oraba "no me des más para que no me olvide de ti" (como lo hizo el hombre de Proverbios 30). Cuando el Señor escucha ambas oraciones en el cielo, le da a uno lo que el otro no quiere. Así que tú prosperas por las oraciones de fe que haces y por las malas oraciones que otro hizo. Mientras uno pide "dame más", otro dice "no me des".

Cuando Dios escucha ambas peticiones, a ambos se las otorga. Al que quiere le da lo que el otro no quiere. Así que tú recibes conforme lo que crees. Si crees que Dios es bueno y te desea bendecir, así orarás y recibirás. Pero si crees que al prosperar tu corazón se apartará de Dios, entonces dejas de recibir lo que Dios te hubiera querido dar, entregándoselo El a alguien más.

Respuesta  Mensaje 3 de 3 en el tema 
De: Perla Enviado: 17/11/2010 15:32
Semilla al que siembra y pan al que come

Cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto, era pobre, ya que eran esclavos. Vivían de lo que los egipcios les dieran. Cuando Dios milagrosamente los sacó de allí, ellos se llevaron el oro que los egipcios les entregaron, pero al poco tiempo, lo perdieron al hacer el becerro de oro en el desierto. Por lo tanto, Dios los tuvo que sustentar con maná, pan del cielo. Al mismo tiempo, hizo que de la roca saliera agua para que bebiesen. Así que el Señor sostuvo a su pueblo con pan y agua mientras se encaminaban a la tierra prometida, en donde fluye leche y miel.
Como recordarás, el pueblo de Israel no creyó en Dios y, por lo tanto, dio vueltas 40 años en el desierto. Esta no era la voluntad de Dios, pero aún así los sostuvo con pan y agua. Cuando la nueva generación creyó en Dios con Josué al frente, ellos entraron en la tierra de la promesa. A partir de ese día, el pueblo tuvo una tierra en la cual poder sembrar y cosechar. Aquel que trabajara sembrando, cosecharía abundantemente, pues esa era su promesa. Desde entonces, el maná cesó de caer cada mañana, desde que el Señor les dio la tierra prometida.

De igual manera, tú puedes escoger permanecer en el desierto en donde el Señor te sostiene con pan y agua, o puedes creer en sus promesas y entrar en la tierra en la que cada semilla que siembres producirá una abundante cosecha. Tú escoges, si pan o tierra prometida. Tú decides si vives sólo para tus necesidades o para sus promesas. Pero si decides la tierra de bendición, El ya no pondrá más el maná para tu sustento, sino te dará la semilla para que siembres en tu tierra. Esto producirá fruto abundante, de donde tendrás el sustento diario y mucho más.



Di conmigo a Dios: “No sólo me quieres dar el pan diario, sino también la semilla; yo no sólo como, también siembro”.
No seas de los que menosprecian sus promesas como los israelitas lo hicieron con su tierra. Mira a Josué, quien se levantó con una nueva generación dispuesto a conquistar lo que era de ellos. Abraza sus promesas. Pide que te ensanche, y recibirás su bendición y multiplicación.


El desierto no es la tierra prometida ni el pan es el sustento que Dios quiere darte. El quiere llevarte a una tierra de multiplicación en la que experimentes la bendicion de sembrar y cosechar.


 
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